miércoles, 21 de marzo de 2018

"...y ella partió"


“Y ella partió, y andaba errante por el desierto de Beer-seba” (v. 14c). , Beer-seba será una ciudad en el extremo sur de Israel. “desde Dan hasta Beer-seba” significa, “Todo Israel” (Jueces 20:1; 1 Samuel 3:20; 2 Samuel 3:10, etcétera). No obstante, Agar e Ismael no van a una ciudad, sino a un desierto llamado Beer-seba, ubicado al suroeste del Mar Muerto, en el extremo norte del desierto del Neguev. Es un lugar donde pocos viven por lo difícil que es sostener vida allí. Beduinos con experiencia pueden sobrevivir en tal lugar, pero solo Dios puede salvar a Agar e Ismael.

GÉNESIS 21:15-19: NO TEMAS
15Y faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un árbol; 16Y fuese y sentóse enfrente, alejándose como un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera: y sentose enfrente, y alzó su voz y lloró. 17Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó á Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.18Levántate, alza al muchacho, y ásele de tu mano, porque en gran gente lo tengo de poner. 19Entonces abrió Dios sus ojos, y vio una fuente de agua; y fue, y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.



Este pasaje de la escritura me ha mostrado mucho sobre los pasos que tuve que tomar  en obediencia a Dios. NO me apetecía hacerlo, no tenía claro hacia dónde me iba a llevar tal decisión, no sabía nada de nada, solamente veía mi dolor...

Aún no sé qué pasará en el camino, se supone que debo disfrutar el viaje mientras llego a donde debo llegar como dicen algunos por allí; pero es difícil, cuesta mucho dejarse caer completamente en plena confianza y fé  pues lo único que sostiene cada paso día a día es la palabra que me ha sido dada, la promesa que me ha dado Dios.

Al igual que Agar,  según mis pensamientos, solo me quedaba esperar la muerte; pero no, cuando estoy en angustia y desesperación y mi alma gime por el dolor, viene Dios y me sorprende...“Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó á Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está” (v. 17). Hemos oído el llanto de Agar – pero Dios oye la voz de Ismael – y entonces el ángel de Dios le responde a Agar. “Dios ha oído la voz del muchacho.” Esto implica que Dios va a venir al rescate.

“Levántate, alza al muchacho, y ásele de tu mano” (v. 18a). Dios espera una reacción de Agar – levantar al muchacho y tomarle de la mano. No está claro como estas acciones ayudarán a Ismael, pero la Biblia está llena de historias de personas cuyas vidas han dado la vuelta al obedecer algún mandamiento – aparentemente inconsecuente – de Dios. Nos hace pensar en Moisés golpeando el Nilo con su báculo – Gedeón soplando su trompeta – y Josué haciendo a la gente marchar y gritar. La fuerza no está en la acción de la persona, sino en el Dios que bendice la obediencia. Sin esta pequeña obediencia, ¿habría pasado algo? ¡Seguramente no! 

Loretxu A.

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